PILOTO DE RALLY ASEGURA QUE UN OVNI LEVANTÓ SU AUTO EN PLENA COMPETENCIA

Miguel Ángel Moya protagonizó junto a Carlos Acevedo uno de los episodios más extraordinarios vinculados al automovilismo argentino. Ocurrió en septiembre de 1978, durante una competencia de rally. Casi medio siglo después, el copiloto volvió a contar qué ocurrió aquella madrugada y reveló detalles que durante años prefirió mantener en silencio.

La madrugada del 23 de septiembre de 1978, Carlos Acevedo y Miguel Ángel Moya circulaban por una ruta del sur argentino a bordo de su automóvil de competición. Formaban parte de un rally y, hasta ese momento, la etapa transcurría con normalidad. Entonces apareció una luz.

Al principio creyeron que se trataba de otro vehículo que se aproximaba por detrás. “Hazte a un lado, que vienen los alemanes”, recuerda Moya que dijo Acevedo, pensando que otro de los competidores estaba a punto de sobrepasarlos. Se hicieron a un costado. Esperaron. Pero nadie apareció. La luz continuaba envolviendo el automóvil. Moya giró la cabeza para observar qué ocurría detrás. “Lo único que había era luz”, recuerda. Instantes después sintió algo que, asegura, jamás pudo olvidar. “Sentí un tirón hacia arriba, como cuando los aviones despegan”, relató. A partir de allí, su recuerdo se vuelve mucho más difícil de explicar. “Fue todo una locura”, resumió.

UN PASILLO, FIGURAS BLANCAS Y LUCES SOBRE SUS CABEZAS

Según el testimonio de Moya, él y Acevedo aparecieron repentinamente en un lugar que describe como una especie de pasillo largo, extremadamente iluminado y de estructura simétrica. El propio protagonista admite que, incluso después de tantos años, no puede determinar con certeza si aquello ocurrió físicamente o si fue algún tipo de percepción. “Yo siempre digo ‘aparecimos’, pero nunca he sabido ni he estado seguro de si fue mi cabeza, mi mente o la parte física”, explicó.

En ese lugar recuerda haber observado figuras blancas desplazándose de una puerta hacia otra. Moya sostiene que no caminaba. Sentía que avanzaba, aunque no podía determinar de qué manera. “No sé si estábamos sobre una correa transportadora o me llevaban de alguna forma. Nunca lo pude interpretar bien”, relató. Al final del supuesto pasillo habría aparecido una estructura similar a un gran tablero con luces de distintos colores. Entonces, según su relato, varios haces luminosos descendieron desde arriba. Uno se dirigió hacia su cabeza y otro hacia la de Carlos Acevedo. En medio de la situación, su compañero le preguntó qué estaba sucediendo. Moya recuerda haber respondido, entre el miedo y la ironía: “Nos agarraron los marcianos”. Poco después escuchó un ruido: “Como pum”. Y la escena desapareció. Ambos volvieron a encontrarse sentados dentro del automóvil.

ALGO NO COINCIDÍA EN LA RUTA

Acevedo puso nuevamente en marcha el vehículo. Durante los primeros minutos ninguno de los dos habló sobre lo ocurrido. Pero Moya, que cumplía funciones de navegación, comenzó a revisar la hoja de ruta. Fue entonces cuando descubrió algo extraño. El paisaje que observaba no coincidía con el punto en el que, según sus cálculos, deberían encontrarse. Comenzó a avanzar rápidamente las páginas de su cuadernillo hasta identificar referencias que todavía deberían estar muy lejos. “Estamos llegando”, le dijo a Acevedo. Su compañero no podía creerlo. “Estás loco. Estamos recién saliendo”, recuerda Moya que respondió. Sin embargo, poco después aparecieron los lugares que él había identificado en la hoja de ruta. La sorpresa fue todavía mayor cuando llegaron a una estación de servicio. Allí les indicaron que el resto de los vehículos del rally todavía no debía encontrarse en esa zona. Más tarde, otros competidores expresaron la misma incredulidad. “¿Qué hacen acá los chilenos? Estos tienen que venir después de nosotros”, recuerda Moya que dijo uno de ellos. Aquella pregunta terminó exponiendo lo que los dos hombres, hasta ese momento, habían intentado no contar.

“NO QUERÍAMOS DECIR NADA”

Moya asegura que inmediatamente después del episodio decidieron guardar silencio. “No contamos nada”, sostiene. Su intención era continuar con la competencia y evitar cualquier tipo de exposición. Sin embargo, la llegada anticipada del automóvil comenzó a generar preguntas. Con el correr de las horas, la historia trascendió. Luego llegaron las burlas, las dudas y las acusaciones. Moya asegura que ese aspecto terminó afectándolo profundamente. “Miedo profundo, miedo total”, responde cuando se le pregunta qué es lo que todavía recuerda de aquellos momentos. Pero también habla de “la incomprensión” y de las burlas que recibió posteriormente.

EL EXTRAÑO EPISODIO QUE ASEGURA HABER VIVIDO DESPUÉS

Durante la entrevista, Moya reveló además una experiencia posterior que durante muchos años evitó desarrollar públicamente. Ocurrió cuando regresaba hacia Chile. Mientras dormía en un hotel de Mendoza, asegura haberse despertado en una situación extraña. “No sé si levitando. Estaba sobre la cama y me estaban bajando”, relató. Según Moya, ese episodio terminó de convencerlo de que debía alejarse completamente del tema. “Ahí fue la gota que rebasó el vaso y ya no quise saber nada”, recordó.

Con el tiempo, incluso cambió de ciudad y trató de continuar con su vida lejos de la historia que lo había convertido involuntariamente en protagonista de uno de los relatos OVNI más singulares relacionados con una competencia automovilística.

“TENGO MIEDO A LA OSCURIDAD”

Casi cinco décadas después, las consecuencias emocionales siguen presentes. Moya reconoce que todavía siente temor cuando debe caminar solo durante la noche. “Tengo miedo de la oscuridad”, admite. “Salgo a caminar solo. Lo hago, pero con temor, con precaución”. También asegura experimentar desde entonces una extraña percepción que, según explica, en algunas oportunidades lo lleva a mirar hacia el cielo antes de que aparezca algo que llama su atención. Durante años, incluso su propia familia desconoció gran parte de lo sucedido. Cuando finalmente decidió hablar públicamente, tuvo que sentarse con su esposa y sus hijos para explicarles por qué los periodistas querían entrevistarlo.

CASI 50 AÑOS DE SILENCIO

Miguel Ángel Moya nunca se convirtió en investigador del fenómeno OVNI. Tampoco, según afirma, desarrolló una obsesión por encontrar respuestas. “No sabía nada del tema OVNI antes. Y ahora tampoco”, sostiene. Durante décadas evitó entrevistas y en más de una oportunidad se arrepintió a último momento de volver a contar su historia. Por eso, durante la conversación, llegó a admitir: “No sé por qué te estoy contando esto. De verdad, no le cuento a nadie”. Su intención, explica, nunca fue convencer a los demás. Lo único que pretende es que su experiencia no sea considerada una invención. “Lo que yo quiero es que se entienda que es verdad, que es mi verdad”, afirma. Casi medio siglo después de aquella madrugada de septiembre de 1978, Miguel Ángel Moya continúa sin una explicación definitiva. Pero conserva intacto el recuerdo de una luz que envolvió el automóvil, de un violento tirón hacia arriba y de unos minutos que, según asegura, modificaron su vida para siempre. Por primera vez en muchos años, Miguel Ángel Moya vuelve sobre aquel episodio en una entrevista exclusiva con Marco Bustamante para ALTOMISTERIO.

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