El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, volvió a encender el debate global con una frase que ya no puede pasar desapercibida. En Mendoza, alguien asegura que sí vivió algo imposible de olvidar. Omar Carrasco, reconocido dirigente del mercado frutihortícola, rompió el silencio por primera vez en el programa radial de Radio Nihuil y habló con cautela. Sabe que es un tema delicado. Personal. Difícil de creer. “Es importante lo que haya reconocido Obama porque desde entonces ya no será sólo un loco el que está en la tierra, sino que somos varios”, dijo.
Tenía 18 años.
Un asado familiar junto al río Mendoza.
Su padre —que no creía en nada de esto— estaba presente.
De pronto, algo apareció suspendido sobre un árbol. Giraba de forma extraña.
“Fuimos con un amigo y nos pusimos debajo de la nave. Unas dos horas.”
Según su percepción, estuvieron allí apenas un rato.
Según quienes los miraban desde lejos, habían pasado casi dos horas.
El objeto estaba a unos 30 metros de altura.
Se movía. Giraba. Cambiaba de luces.
“Eso nos marcó.”
Fue la primera vez que vio una nave de esas características: un plato volador con doble ventanilla.
Pero no sería la última.
En el año 2000, en el mítico Cerro Uritorco, asegura haber visto luces que se desplazaban debajo de sus pies. “Parecía que pasaban a la cuarta dimensión”, relató. También mencionó una fotografía revelada en Ongamira donde, detrás suyo y de su esposa, apareció una nave suspendida en el aire.
No sintió miedo. Sintió emoción.
La historia no termina allí.
Carrasco contó que conoció a una persona que —según su relato— fue llevada y luego dejada en el puente Barrancas, en Maipú.
Puente Barrancas
Era empleado de YPF y manejaba camionetas con las que realizaban controles en pozos petroleros.
Una mañana apareció caminando sobre el puente.
La camioneta había quedado con el motor encendido.
Después de ese episodio, los empleados dejaron de circular solos.
“Muchas cosas… Sólo voy a decir que dijo que le hicieron un montón de preguntas.”
Preguntas que nadie más escuchó.
Preguntas cuyo contenido nunca se hizo público.
En Mendoza, los relatos se repiten en los mismos puntos:
Lunlunta. Maipú. El río. El puente.
Córdoba. El Uritorco. Ongamira.
¿Coincidencias?
¿O un fenómeno que lleva décadas manifestándose en los mismos territorios?